KAELEN Y LA SOMBRA DE ELDERNATH
Kaelen viaja a la ciudad de Eldernath donde el alcalde le contrata por una criatura que está matando a sus habitantes, pero por desgracia eso no es lo peor.... Portada realizada por @paredes_moon.
2/17/20253 min read


El alcalde de Eldernath era un hombre de rostro demacrado, con profundas ojeras y un temblor incontrolable en las manos. Cuando Kaelen Sombranegra entró en su despacho, el hedor a tabaco frío y sudor impregnaba la habitación.
—¿Eres el cazador? —preguntó el alcalde con voz tensa.
Kaelen asintió, cruzándose de brazos.
—Háblame de la criatura.
El alcalde tragó saliva y se inclinó sobre su escritorio, extendiendo un pergamino arrugado con notas garabateadas.
—Ha matado a seis personas en dos semanas. Siempre de noche, siempre en las calles más apartadas. Los cuerpos aparecen destrozados… como si algo los hubiera devorado desde dentro. No hay testigos, solo gritos en la oscuridad y un silencio sepulcral después.
Kaelen deslizó los dedos sobre el pergamino. Había descripciones vagas de las víctimas: comerciantes, vagabundos, incluso dos guardias armados. Todos con signos de una muerte brutal.
—¿Algo más?
El alcalde dudó antes de responder:
—Los cadáveres... siguen moviéndose después de morir.
Kaelen alzó una ceja.
—¿Cómo?
—Los sepultureros aseguran que los cuerpos se retuercen en las tumbas. Algunos han sido encontrados fuera de sus ataúdes… sin que nadie los haya tocado.
El cazador exhaló lentamente. Aquello no era un simple depredador nocturno.
—Necesito ver uno de los cuerpos —dijo.
El alcalde palideció, pero asintió.
Bajaron por una escalera de piedra húmeda hasta la morgue subterránea. El aire era denso, con un hedor agrio a carne en descomposición. Un sepulturero nervioso los guió hasta una mesa de piedra donde yacía el último cadáver: un hombre de mediana edad, con el torso desgarrado y el rostro congelado en un rictus de terror absoluto.
Kaelen se acercó y deslizó dos dedos sobre la piel del muerto. Estaba fría, rígida… pero había algo más. Una vibración sutil bajo la carne.
El cazador sacó una de sus dagas y la sostuvo sobre el pecho del cadáver.
—Da un paso atrás —ordenó al alcalde.
Y entonces, el cuerpo se movió. Los ojos del muerto se abrieron con un chasquido seco, completamente en blanco. Su mandíbula se dislocó y un sonido espeluznante emergió de su garganta, como si algo estuviera tratando de hablar a través de él.
Kaelen no esperó. Clavó su daga en el corazón del cadáver, y la hoja se hundió con un resplandor oscuro. Un grito inhumano resonó en la sala, y el cuerpo convulsionó antes de quedar inmóvil.
El alcalde se aferró a la pared, temblando.
—Por los dioses… ¿qué fue eso?
Kaelen retiró la daga, observando cómo la sangre negra chisporroteaba en su hoja.
—No era él —murmuró—. Algo estaba dentro.
La criatura no mataba por hambre. No devoraba a sus víctimas. Las convertía en marionetas.
Esa noche, Kaelen se apostó en los tejados de Eldernath, envuelto en sombras. La ciudad estaba sumida en un silencio antinatural, como si la misma piedra temiera lo que acechaba en sus calles. Entonces lo vio.
Una figura alta y encorvada avanzaba por un callejón, arrastrando los pies. No era completamente humano. Su piel estaba seca y cuarteada, como un cadáver expuesto al sol durante días. De su boca colgaban hilos de baba negra.
No estaba solo. A su alrededor, tres sombras más se movían erráticamente. Las víctimas anteriores se habían vuelto a levantar.
Kaelen saltó desde el tejado, aterrizando sin hacer ruido detrás de la criatura.
—Ya no más —susurró.
Las dagas brillaron en la penumbra. La criatura giró, siseando como una serpiente, y las sombras de los muertos se lanzaron contra Kaelen con garras deformadas.
El cazador se deslizó entre ellos, cortando carne y hueso con una precisión letal. Cada golpe drenaba la energía oscura de sus dagas en los cuerpos, quemando la corrupción que los dominaba.
Pero la criatura principal era diferente. No gritaba. No huía. Solo lo observaba con ojos vacíos mientras sus antiguos sirvientes caían. Y entonces, habló.
—Tú… no puedes detenernos.
La voz no era humana. Era muchas voces al mismo tiempo.
Kaelen apretó los dientes y se lanzó hacia adelante, apuntando directo al corazón del monstruo.
Pero cuando la daga impactó… la criatura rió.
—Llegamos con la niebla… y la niebla siempre regresa.
Un estallido de sombras explotó desde su pecho, lanzando a Kaelen contra una pared. Para cuando se levantó, la criatura ya no estaba. Solo quedaban los cuerpos inertes de sus marionetas. El cazador respiró hondo, limpiando la sangre de su rostro. Esto no había terminado. Solo era el comienzo.
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